Chez Agnes Writings: Acuarela, hobby y aprendizaje

No hay que rendirse, mucho menos con los hobbies y las pasiones.

Los que me seguís por aquí, que sois pocos pero bien avenidos 😉, sabréis que además de escribir, pinto de manera amateur. Lo hago de manera digital y, después de la pandemia, me lancé con la acuarela, algo que me trae retos y satisfacciones a partes iguales.

Pintar acuarela ha sido desde siempre una de mis formas favoritas de expresión artística, aunque no la practicara. Desde hace mucho había querido atreverme con ella, pero me daba un poco de miedo… y tampoco es que tuviera mucho tiempo para dedicárselo. Sin embargo, la pandemia cambió eso. Con tanto tiempo en casa me lancé a experimentar con los lápices acuarelables, y cuando me vi sin trabajo después, fue la excusa perfecta para empezar a tomar clases.

Os diré que aquel primer acceso en términos de clase no fue la mejor de las experiencias. La profesora que nos daba clase nos lanzó al estrellato con proyectos poco entretenidos, pero sí muy retantes (y no en el buen sentido), lo que me producía más estrés que satisfacciones. No sentía que estuviera aprendiendo nada, y lo que es peor, no me apetecía. Así que, después de expresarle mis preocupaciones a la profesora y comprobar que no sólo no le interesaban, sino que no pretendía cambiar su plan para todos los que estábamos en iniciación, me borré. No fui la única…

Pero ya me había picado el gusanillo… y como os decía más arriba, decidí no rendirme. Así que, aquel pequeño fracaso me animó volcarme en la acuarela buscando un enfoque distinto, y así es como acabé en el Patreon de Laura, que para quienes no la conocéis, es la pareja de Jesús Terrés, de Nada Importa. Es una artista muy especial, con una sensibilidad fuera de lo normal… y exactamente lo que necesitaba.

Su Patreon ya no está activo, pero era una delicia. Cuidaba los proyectos con mimo y esmero, y nos guiaba a los tripulantes de sus clases en pequeñas acuarelas que narraba con una suave voz que invitaba a relajarse pintando. Cero presión, sólo disfrute. Me enamoré de la técnica, y hasta hoy.

Con el cierre de sus clases, busqué alternativas, y seguí (sigo), pintando. La acuarela se ha convertido para mí no sólo es una actividad artística, sino también una forma de meditación y aprendizaje sobre la paciencia y la aceptación. Un poco como mis clases de cerámica… aunque eso mejor lo dejamos para otro día. La acuarela, a diferencia de otras formas de pintura donde se puede corregir fácilmente un error, la acuarela no permite muchas correcciones. Una vez que el pigmento se ha absorbido en el papel, es difícil cambiarlo. Esto me ha enseñado a planificar mis movimientos y a aceptar los resultados, e incluso si no son perfectos, he aprendido a vivir con ello.

Para no dejarme llevar por la frustración, trato de combinar proyectos que me resultan un poco más complicados (las flores se me resisten) con otros que dan mucha paz, como las fachadas de casas, que conocí a través de las clases de Laura. Pinto paisajes ultracoloridos y proyectos menos exigentes, pero pinto. Y lo hago siempre que puedo, que no es fácil porque necesito un buen set up (la paleta, los pinceles, el agua…), pero procuro, al menos cada 2 semanas, dedicarle una tarde de tranquilidad. Para cuando apago la luz de la lámpara que uso para grabarme, siempre lo hago con una sonrisa. 



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