Cansancio sistémico: Cuando el cuerpo dice “basta” y tú sigues dándole a la tecla
Hay un tipo de cansancio que no sale en los manuales de medicina, pero que debería tener su propio apartado, su emoji y probablemente un santo patrón: el cansancio exhaustivo-multipantalla-de-vida, también conocido —gracias a Araceli Ocaña — como “cansancio extrasensorial”. Y oye, pocas cosas he leído últimamente que me hayan representado más.
Después de pasar dos semanas de viaje por trabajo, enlazando convención, feria y convivencia intensiva con compañeros —a los que quiero mucho, pero a dosis de doce horas diarias a veces hacen más daño que tres cafés con leche en ayunas— puedo decir oficialmente que volví frita. Frita nivel “me da igual si la cama del hotel está dura; yo duermo hasta en el suelo del stand”. De hecho, he tardado 1 semana en escribir este post tras la vuelta porque apenas me quedaban pilas.
Súmale que llevaba un constipado de aúpa. De esos que te dejan la voz como de cantante de jazz venido a menos y la energía de una patata cocida. En la feria hasta me regalaron en un stand un puñado de caramelos de vitaminas. No sé si fue un gesto de cariño o una señal de alarma, pero se agradece igual... en el momento me dio la risa, pero no tardé en comerme el primero mientras caminaba por el pasillo esperando un milagro.
La noche que volví, casi a medianoche, entré en mi casa, dejé la maleta en el pasillo… y me eché a llorar sentada en la cama del agotamiento puro y duro. De ese que no es sólo físico; es emocional, mental, espiritual… casi metafísico. Tal era mi cara que mi hermano, al verme, me preguntó directamente qué me había pasado. Y lo peor es que no pasó nada: simplemente estaba pasada de vueltas.
Durante esas semanas apenas pude desconectar, ni hacer deporte, ni comer en condiciones. Y ya sabemos que comer fuera tantos días, mezclado con medicamentos, es una ruleta rusa digestiva. En cuanto pude —aunque todavía no estaba al 100%— fui a mi primera clase de yogalates, a ver si el cuerpo y yo volvíamos a hablarnos. Tras tantos días arrestrándome por la vida - incluso de vuelta de los viajes - necesitaba volver a sentirme persona, aunque fuera sólo un poco.
¿Os pasa? ¿Tenéis trucos infalibles?
Yo he sobrevivido a base de mucho sueño (el primer día de vuelta dormí más de 12 horas seguidas) y de volver poco a poco a mis rutinas según la salud me lo ha permitido. Pero oye, si tenéis remedios mágicos, compartid, que una está agotada pero muy abierta a sugerencias.
Puedes seguirme también a través de
Comentarios