martes, 3 de agosto de 2010

Golpe de realidad

Con “Las Joyas de la Corona” aún sin empezar, sentadita en mi silla en modo intensivo de sol –ojos cerrados, bikini sin tirantes, rebozada de crema hasta arriba y estirada a más no poder- sufro un golpe de realidad que nada tiene que ver con los esbirros de la Lomana:

-Oyyyyy NIñaaaaaaaaaaaaaa! Mira quién viene por aquí, la Preñá
A mí, me resuenan los tímpanos. Maldigo el dejarme llevar por el romanticismo del sonido del mar y olvidarme el ipod en casa.
(a ésta, a voz en grito, como si no la tuviera a un palmo de distancia)
-Ay niña… qué guapa y qué gorda que estás, hija. Qué tripa… qué es, un macho?
La otra responde, no alcanzo a saber qué, gracias al cielo no abusa del volumen.
- Una hembra, dices? Qué maravilla. Aunque los machos… ay! Mira que mi amiga La Trini tuvo un machito el otro día. Asín de gorda estaba… asín
Decido no volverme a mirar. Me está costando… semejante ataque de vulgaridad no alcanzo a ver todos los días. Lo de “hembra” y “machito” me ha matado.
- Claro que con tu tripa es normal. Asín, con esa forma, hembrita tenía que ser. Sin duda. Juanaaaaaa (otra vez la mujer con los gritos, qué pesada) mira a ver la preñá que guapa y qué gorda que está. Ozú.

Y yo… espantada ya la tranquilidad de mi baño de sol, que me retuerzo en la silla incómoda. Decido desconectar, por mi bien y el de mis recién estrenadas vacaciones. No alcanzo a ver la cara de “La preñá” –dios santo, qué espanto de apelativo – pero me la imagino. Mirada baja, contando los minutos que le quedan de visita a la susodicha mujer de los gritos, que parece disfrutar de lo lindo con las voces. Callada – eso sí que lo sé, porque aún no la he oído desde que ha llegado – y, sin duda alguna, más educada que la mujer que, un rato después constato, es de las de sandía, nevera de cervezas sin fondo, y bocadillos de panceta. A ver… nada tengo en contra de esta gente, no se me vaya a entender mal. Lo que me cabrea es que con la guasa, y el despliegue, su espacio de 1x1 se ha extendido peligrosamente y es la segunda vez que me toca mover las sillas hacia delante. Decibelios incluidos. Jesús… ni que no tuviera a toda la prole a menos de 1metro de distancia. Pero claro… es lo que tiene estar bajo la sombrilla dirigiendo el cotarro cual matriarca sin querer moverse… que los susurros se los lleva el viento de levante que sopla sin descanso.

¿Dónde está mi glamour playero? ¿Dónde?
Muerto del susto, sin duda, tras un mortal golpe de realidad.

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