viernes, 19 de marzo de 2010

El fantástico mundo de Timostar

Ayer fue un día de tremenda indignación y desesperación en contra de mis amigos los de Telefónica. Bueno, los de Movistar para ser más exactos.


No sé si os ha pasado alguna vez, pero de un tiempo a esta parte, desde que existe la libertad de compañías de móviles, a todo el mundo parecen regalarle un móvil chulísimo, con internet, cuarto de baño y ducha y alicatado hasta el techo, a todos, menos a mi familia. Vas preguntando por ahí, y todo el mundo tiene su truquito. El caso es que, por más que lo hemos intentado, y teniendo en cuenta que tenemos un contrato con la compañía desde hace 15 años, 3 líneas, y un considerable gasto mensual, no nos echan un cable para pillar un móvil ni para atrás.


Eso sí… cuando te quejas, o tienes que hacer una llamada a atención al cliente, te tienen ¾ de hora al teléfono. Te llaman a horas intempestivas como las 11 de la noche, y sólo llaman para preguntar sobre tu opinión sobre atención al cliente. Milagrosamente, no se acuerdan de hacer lo mismo para comunicarte que tienen unas fantabulosas ofertas por las que te regalan tropemil puntos para cambiar de móvil.
Ayer, cuando fui a quejarme de todo esto a una tienda, cuando le dije a una señorita lo que opinaba y cuáles eran mis preocupaciones, además de tratarme fatal y con condescendencia (lo que hizo que me cabreara, de verdad, y aunque no gritara levantara algo la voz), me echaron de la tienda. Estaba llena y, claro, no era plan de que todo el resto de personas que había allí se enteraran de que había un cliente descontento. Vergonzoso.


Me costó 3 llamadas telefónicas a atención al cliente conseguir que alguien me atendiera bien. La primera llamada fue mejor que las últimas 15 que hemos hecho. La segunda no fue del todo mala, pero tampoco buena. 35 minutos al teléfono discutiendo con una señorita para que ella al final llegara a la misma conclusión que yo cuando hablé con ella al principio, incluso cuando a pesar de su criterio su oferta era idéntica a la oferta que me habían hecho en la primera llamada. Go figure.


La tercera fue la definitiva… suele pasar. Un chico encantador que no sólo me resolvió las dudas sin condescendencia, sino con una sonrisa (porque eso se nota, aunque no puedas verla). Resolvió las dudas con paciencia, y al final, ¡¡sorpresa sorpresa!! Me resolvió el problema. Ahora gracias a este chico he conseguido que mi padre tenga un Iphone como regalo del día del padre, y yo un móvil con internet (¡por fin!).

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