domingo, 30 de marzo de 2008

Por los pelos

Anoche me fui a cenar con la Sevillana y una de sus amigas, y a falta de poder entrar en "La Gloria de Montera" (y ya van 4), nos pasamos al portal de al lado, al "Pink Sushiman", para hacer tiempo antes de la obra para la que habíamos quedado. La Gran Vía como siempre, un bullicio de gentes, personas y personajes... es una zona que nunca deja de sorprenderme. Ayer, a la puerta del McDonlads, un grupúsculo de vegetarianos en pos de la igualdad de especies, preguntaban a los viandantes si su comida de aquel día tenía cara... yo nunca he entendido este tipo de iniciativas, pero no seré quien las critique tampoco, que tiene que haber de todo en esta vida...

Decía que fuimos al Pink Sushiman. Fantástico descubrimiento de restaurante japonés, que se da un aire a mi japo favorito pero en plan barato. Barra corrediza en un ambiente fashion por donde los platitos, en código de color, pasean invitándonos a devorarlos. Como una pasarela pero en gourmet. Eso sí, hay que tener cuidado con lo que se escoge, pues a diferente color, distinto precio. Nosotras nos envalamos un poco, pero es que como dice la Sevillana: "miserias, las justas". Menos mal que la japonesa de turno que nos hizo la cuenta, se confundió y no nos cobró los platos más caros... ni que decir tiene que nos callamos como muertas. Que está la vida muy mal.

Y después, tras postre improvisado en una de la tantas cafeterías de la calle, al teatro, que íbamos de plan cultural. SINOPSIS oficial: Nos encontramos en la peluquería de Tony (Roberto Correcher, alias el amigo feo de Yo soy Bea, Santi). Con él trabaja Berta (Norma Ruiz, otra de Yo soy Bea... Barbiloca, para más INRI, y sorpresa particular). Van a empezar el día. Allí hay dos nuevos clientes: Romero (Alex O’Doguerty, o Cañas, en Cámara Café, uno de mis favoritos) y López (Mauro Muñiz). Pero la verdadera cliente estrella de la peluquería está a punto de llegar, se trata de Azucena (Loles León, artistaza como la copa de un pino). Todo se va desarrollando de una manera misteriosa, hasta que… se produce un asesinato en el piso de arriba. Un momento, hay que volver atrás. Romero es, en realidad, un inspector de policía que con su ayudante Lara (Alfonso Montón) les va a pedir su colaboración para esclarecer el asesinato. Ustedes han sido los únicos testigos de todo lo que allí ha ocurrido. Como ciudadanos ejemplares deben ustedes ayudarnos a descubrir al culpable. En ese momento se produce una interactuación entre el público y el elenco, en la que se basó el estudio original. ¿Cuál es la percepción real de la audiencia? Al final del espectáculo podremos valorarlo.

La obra divertida no, divertidísima. Y cómo fue que me sacaron al escenario. Sí, sí... como lo lees. Al tratarse de una obra interactiva, los actores improvisan gracias a la ayuda del público, y sus preguntas sobre el asesinato acontecido, el devenir de la obra. A mí se me ocurrió una pregunta en relación con una llamada telefónica, y el Comisario tuvo a bien decir algo como: "Muy bien guapita, pues ahora por lista vas a subir y llamar tú". Y eso fue precisamente lo que hice. Subir al escenario. Ni que decir tiene que a pesar de que vergüenza tengo poca para estos casos, el rojo bermellón que se instaló en mis mejillas era de aúpa. El Comisario Romero me dio instrucciones (que como bien dijo, ignoré bastante por la cosa de los nervios), y entre risas, y peticiones de éste para que dejara de reírme para seguir con el argumento, logré hacer la susodicha llamada. Lo mejor es que no era un truco, y al otro lado había alguien de verdad siguiéndonos el rollo... una risa que te mueres.

Pero el cachondeo no paró ahí. Loles León, que hacía de adinerada señora esposa de un alto cargo del PP, me recibió en el escenario con un "Pero mírala que mona nos viene... todita de H&M", mientras yo hacía mi parte incluso tocó mi vestidito de punto marrón para probar su teoría, sonsacando más risas al público. Tonteó un poco con el tema, y yo le seguí el rollo porque, seamos sinceros, estaba encantada de la vida, y así hice mi improvisado papel.

Al terminar la obra, tanto la Loles, como el Comisario Romero, me saludaron cómplices. Y yo, tan contenta, para qué nos vamos a engañar...

Como os podéis imaginar, recomiendo a todos la obra. Por entretenida, por original. Porque la Señorita Ortiz es un grandísimo descubrimiento (su actuación del ataque de nervios me puso los pelos de punta), porque es teatro, y hay que darle más bombo. Porque sí... porque vais a pasar un buen rato.

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