martes, 25 de septiembre de 2007

Caprichos de una fashionista en ciernes...

Llega el final de mes, y con él mi pasión, mi locura, mi delirio… las revistas de moda.

El domingo por la mañana, al comprobar la fecha, me subí al Caprabo de encima de casa para salir 5 minutos más tarde con 5 kg (y es verídico) de revistas apretadas contra el pecho que devoré en la sobremesa con una taza de café en la mano (gracias JR por la taza de Paddington)

Me vuelven loca sus fotografías, sus combinaciones imposibles. Su papel satinado me lleva a soñar con fiestas en las grandes capitales y paseos por ciudades desconocidas. Y es que… nunca he pretendido engañar a nadie, en otra vida, con algún centímetro de altura de más (y de menos en otras zonas, jijijiji) y un bolsillo más acomodado, Agnes hubiera sido una fashion victim.

Tomo notas de lo que se lleva, sopeso mis posibilidades de poseer un “must have” de la temporada y me frustro abiertamente cuando mi armario al completo parece haber pasado a mejor vida. Y es que, el de la moda es un mundo apasionadamente terrible.

Después de haberlas devorado, y de haber marcado todas aquellas cosas soñadas (unos stiletto de Blahnik, un traje de Armani, un vestido rojo de Valentino – adiós, querido, por cierto – o uno de cocktail de De la Renta) con un doble en la esquina de la página, las revistas, con sus cientos de esquinitas dobladas, pasan a engrosar mis múltiples pilas distribuidas por el cuarto hasta que después de dejarlas reposar unos días, las vuelvo a coger con iguales ganas para recortarlas y acabar con ellas, quedándome con todo aquello que me gusta y que intentaré conseguir (a un módico precio) a lo largo de la temporada.

Y el primero de mis caprichos de este invierno, ya vive conmigo (a menos que futuras pruebas los devuelvan a su tienda). Los he comprado a la vuelta de una entrevista que he tenido hoy y que ha ido bastante bien.

Son unos fabulosos zapatos de piel de cocodrilo negros de los que me enamoré la primera vez que los vi en una de las revistas de este mes. La primera vez que me encontré con ellos, a toda página, sólo la marqué. Cuando la visión se repitió a lo largo de varias revistas, pasé de soñar con ellos, a encapricharme, y a desearlos. Para la última revista la hoja yacía a mi lado, arrancada con pasión en un arrebato. “Vosotros” dije, “seréis mi regalo de cumpleaños” (uno de los que no me han dado aún, jijijiji). Ahora me miran desde encima de mi cama, expectantes. Son fabulosos. Tienen un tacón imposible (aunque tolerable), y me encantan. ¿Qué tienen los zapatos que cuando los compras te hacen sentirte extremadamente bien? Es como un subidón de endorfinas a lo bestia. Casi incluso mejor que el chocolate. Casi. Y la manera en que brillan desde su caja…

El único motivo por el que osaría devolverlos sería que al probármelos con los pies fríos y medias me queden grandes, cosa que, lamentablemente, puede suceder. Pero que esperemos que no. Porque son fabulosos. Y los adoro.

3 comentarios :

Psicoleguilla dijo...

Agnes, muy chulos los zapatos.

¿De cuántos centímetros son los tacones?

Es que para mi, tacones tolerables son de cuatro centímetros. Más alto que eso, mis pies suelen morir del dolor, si no es que me he caído antes. ;P

Natillitas dijo...

Muy monos, hija.

Yo siempre lo digo (y si no lo digo, lo pienso) con otro cuerpo y con dinero... yo sería una fashion victim. Pero como no lo tengo, casi todo lo contrario.

Besotes ;)

I miss you

Agnes dijo...

¿Os podéis creer que no sé si voy a quedármelos aún?... con lo que me gustan, es el problema de tener pies rechiquitos.