lunes, 29 de enero de 2007

Pánico...


O mejor… miedo. Esa sensación que se te agarra al pecho y te impide respirar con normalidad. Que hace temblar tus manos. Que dispara tus nervios.

Hay muchas formas de intentar apaciguar a semejante monstruo. Yo tengo la mía: 1 – 2 – 3… respiro hondo. 1 – 2 – 3… otra vez. Concentrada que si no, hiperventilo. Y ahora, a hacer cosas. Cosas pequeñas, cosas que puedo controlar. Primero el bolso: lo vacío y lo vuelvo a llenar comprobando que lo llevo todo (2 calculadoras, tipex. Bolígrafos, lápiz…) Porque el miedo y los nervios son incontrolables, pero puedes puede intentar olvidarlos. Cositas pequeñas, cositas bajo mi control. Desayunar, vestirse, arreglarse…

Y entonces, llega la hora. Y tienes que salir de casa. Unas horas más, y lo habré dejado atrás. Chicos, en 8 horas habré terminado el examen de fiscal.

Atrás queda toda una semana de encierro dedicada por completo al estudio, salvo 2 pequeñas incursiones a la universidad más por necesidad que por ganas, gracias a la desidia e irresponsabilidad de una que yo me sé, y que desde luego no soy yo. Me debato entre publicarlo aquí, como aviso a navegantes, o no hacerlo... y creo que va a ser lo segundo, más porque soy una señorita que por ganas. Digamos simplemente que el trabajo de métodos dio más guerra de la debida.

Lo dicho. Que he estado encerrada en casa. Toda la semana dedicada al estudio de la teoría del Derecho Fiscal (nada apasionante) y el finde a la práctica. ¿Cómo es posible que cada vez que hacía un supuesto nuevo encontrara una nueva duda concerniente a la prorrata? una duda que, espero, no tendré que resolver. En fin.

Mi aspecto, gracias a los nervios, es algo así como que deprorable. Tengo el cutis hecho un desastre, voy con una coleta constantemente (para crítica de mi querida mamá) y me paseo por la casa como un fantasma en chandal... no os voy a hablar del cansancio que me invade, encima... cada vez que suena el despertador (en cuanto acaben los exámenes cambio de alarma) un gruñido gutural invade mi cuarto y maldigo el día en que se inventó semejante y brutal aparato... una pena.




Pero, una vez pase el examen de hoy... todo irá mejor.

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