viernes, 21 de octubre de 2005

Er método

Muy buenas tardes…

Como ya os puse antes, esta tarde he ido al cine. Lo que no os había dicho es que he ido a ver con el Chico de Mayoral “El Método Gronholm” a una hora casi indecente para aquellos a los que les gusta dormir la siesta.

El argumento es de sobra conocido, y si no lo es, pues aquí va: Siete aspirantes a un alto puesto ejecutivo se presentan a una prueba de selección de personal para una empresa multinacional en un rascacielos de oficinas de Madrid. Entre ellos, las personalidades más dispares: el triunfador, el agresivo, la mujer insegura, el crítico, el indeciso...desde ese instante, y en un clima de tensa competitividad, la inseguridad de los participantes se convertirá en miedo y dudas, y estos a su vez en un estado de paranoia general donde los participantes se preguntarán si están siendo observados por cámaras, o incluso si entre ellos podría haber un psicólogo infiltrado que les está ya examinando. En este claustrofóbico clima de máxima desconfianza y absoluta falta de escrúpulos, se crearán alianzas, se producirán disputas, se revelarán secretos, se destaparán pasados...

Así pues, la película plantea un interrogante: la competitividad extrema al más alto nivel y vivir, sentir, palpar, disfrutar de los pequeños detalles, en definitiva, ser feliz ¿son compatibles?

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Y ahora, mi crítica personal. La película comienza bien, quiero decir, es dinámica y se hace interesante, pero con la pérdida de personajes en escena la película va goteando finura hasta acabar en un final que mi acompañante ha calificado de ponzoñoso… y razón no le falta. Tiene diálogos buenos y planteamientos interesantes que, sin duda, harían las delicias de algún crack de los RRHH (como el Sr. Puchol), además de lanzar al aire planteamientos éticos acerca de los métodos que se utilizan para la selección de personal, pero el final cojea.

Éste -que ya digo que es ponzoñoso y brusco - deja la película incompleta y quiere ser una burda imitación de la ya famosa escena de “Abre los ojos” (aquella en la que un jovencito Eduardo Noriega corre por una Gran Vía inconcebiblemente desierta) aunque esta vez por una Castellana que parece salida de la tercera Guerra Mundial. Sin embargo, puedo decir que la película me ha gustado (sobre todo porque el Chico de Mayoral ha tenido un par de golpes geniales). Considero que es muy valiente realizar una obra de este tipo con tan pocos actores y un entorno tan reducido. Es, cuanto menos, una apuesta diferente a lo que el cine español nos tiene generalmente acostumbrados (aunque no tanto, y luego explicaré el por qué).

Irrisoria es la vocecita que brotaba del ordenador de cada uno de los aspirantes cada vez que uno era eliminado (pobrecillos, ellos no contaban con la bondad del público o los alentadores comentarios del jurado de OT, sino que estaban a merced de sus malignos “compañeros”) que decía “It’s over” como si de una mala partida de tetris se tratara… ¡era graciosísima!

Los actores están fantásticos y muy creíbles en sus papeles. En cualquier caso – y salvo preferencias que ya entran en el terreno de las opiniones más personales- el elenco de actores es extraordinario: Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Adriana Ozores o Carmelo Gómez, Najwa Nimri (vaya nombrecito el de la nena) y Eduardo Noriega (uyuyuyuyuiii cómo me gusta este chico… y no sólo como actor... ¡pero qué requetebién le sienta el traje al moreno! ji ji ji ji ji), entre otros, nos muestran todo un abanico de personalidades de los más variopinto y, además, real.

Y sin embargo, la película tiene un par de cosas que se podían haber ahorrado. Véase, por ejemplo, la escenita de sexo en el baño entre el macho ibérico y la guarrilla, que además de totalmente gratuita, culmina con una escena que es grotesca además de vulgar. Digamos, para no entrar en detalles, que no es necesario que se muestre al espectador el final de la “manuelilla” del macho ibérico. Otra cosa que añadiré en este párrafo en homenaje al Chico de Mayoral, pues desacostumbro a incluir vulgaridades en mi blog (y menos aún tacos y guarrerías), es una frase vertida por el personaje de la ejecutiva agresiva que demuestra la fuerza de su carácter: “a mí pueden follarme, tú sólo puedes poner el culo” qué maravilla, qué dominio del lenguaje... ¿quién no utilizaría semejante retórica para tratar de permanecer en un proceso de selección? No me negaréis que no es brillante (para el que no lo haya notado, estoy siendo sarcástica)

Pero bueno, con detalles como éste y tantos otros, me he reído cantidad con mi acompañante, quien es capaz de hacer brotar la risa a una estatua de mármol y con quien he compartido más tarde un café la mar de animado. Por cierto que me ha puesto un disco grabado por él con el que casi es capaz de hacer sombra a mis Musiquiquis… ya le he pedido que me lo grabe.

Y bueno, chiquillos, creo que esto va a ser todo por hoy… ¡no os podéis quejar! Tenéis lectura para rato. Si hay más noticias (que puede que las haya si Belle consigue plan grupal) seréis puntualmente informados.

Besitos a todos, disfrutad del viernes.

1 comentario :

Alberto dijo...

Estimados Agneslectores:
Ante todo, he de descubrirme por esta crítica cinematográfica que ni en las mejores revistas especializadas seríamos capaces de encontrar. Tanto el detallismo como la riqueza de léxico, hacen de esta película, un punto de inflexión en el cine español.
Ah bueno, quizás deba identificarme primero, soy como dice Inés el chico de Mayoral. Pero sinceramente, el mote no lo entiendo demasiado, pq no me apellido Mayoral, ni asocio la marca con eso de hacer amigos, pero si a la gran creadora de este blog le hace ilusión, como si me llama pichoncito...
En fin, ahora no tengo mucho tiempo, pero me comprometo a seguir comentando, ya que tengo mucho que decir pero poco tiempo! Ale, feliz año!