La culpa fue de la Sophie (y de Instagram)
Hay obsesiones que llegan sin avisar… y luego está la Sophie Scarf. Esa bufandita aparentemente inocente que empezó a salirme en Instagram una vez. Y otra. Y otra más. Ya sabéis cómo funciona el maldito algoritmo: tú miras cinco segundos y él decide que eso es ahora tu personalidad entera. Pues bien, durante semanas mi personalidad fue la Sophie Scarf.
Yo llevaba más de cinco años sin tejer. Seis incluso. Lo había dejado en esa fase vital en la que ya no sabes dónde guardar más piezas (porque, seamos honestas, una puede tener muchos jerséis, pero no infinitos) y además ya me había tejido de todo para mí. Que si el cardigan perfecto, que si el cuello amoroso, que si el gorro “este sí que es el definitivo”. Cerré capítulo y guardé las agujas.
Hasta que apareció ella.
No sé en qué momento exacto caí, pero llevo diez días absolutamente enganchadísima. De estas veces que dices “solo una vuelta más” y, cuando levantas la vista, han pasado cuarenta minutos y se ha enfriado el café (y la cena, y la comida). No recordaba lo increíblemente relajante que es tejer. El ritmo repetitivo, el sonido suave de las agujas, la concentración justa para que la mente deje de hacer listas infinitas de tareas pendientes.
Y lo mejor: me permite desconectarme de las pantallas. Paradójico, porque fue Instagram quien me metió en esto otra vez. Pero ahora, en lugar de hacer scroll infinito, estoy contando puntos. Y creedme, mi cerebro lo agradece. Relaja la vista, y me permite desconectar.
Eso sí, no todo ha sido perfecto. He tenido que deshacer varias veces. Varias. De esas que te hacen mirar la labor con cara de “¿en serio?”. Es lo que tiene llevar tantos año sin tejer una vuelta… que aunque es un poco como montar en bici, los cálculos de vueltas no salen con la misma soltura. Pero incluso así, me está encantando. Hay algo muy humilde y muy bonito en aceptar que toca volver atrás y empezar de nuevo. Punto a punto. Y así no se me acaba tan rápido el proyecto…
El único drama real es que me he quedado sin lana. Sí, amigas. Justo ahora que estaba en pleno idilio creativo. Así que aquí mi súplica pública a We Are Knitters: por favor, reponed el color cuanto antes (Petite Wool en Spotted Grey, por si a alguien le sobra un ovillo). No podéis dejar a una mujer recién reconciliada con sus agujas en este estado de espera.
Mientras tanto, yo miraré mi pequeña Sophie a medio hacer… y contaré los días hasta poder seguir. Porque esto, queridos, ha vuelto para quedarse. 🧶
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