viernes, 17 de julio de 2015

Ultramarinos Quintín: Donde Comer y ser visto


El otro día tuve la oportunidad de comer en Ultramarinos Quintín, en la esquina de Jorge Juan… toda una experiencia gastronómica y visual ultra-recomendable.


De los dueños del cercano “Paraguas”, Ultramarinos Quintín es ahora mismo el lugar para comer y ser visto. Con unos precios algo más asequibles que su hermano mayor, es un sitio ideal para quedar bien. Ya tuve la ocasión de sentarme a tomar un piscolabis con mi madre estas navidades – una visita express – pero la semana pasada que me senté a comer, fue estupendo.


La planta superior es un auténtico ultramarinos, frutería incluida. También tienen una pequeña barra a mano izquierda que está siempre hasta arriba de gente, y alguna que otra mesa pequeña en la que comer, pero el tesoro de verdad está en el piso inferior, donde la decoración es como la de una casa de campo preciosa. Bajando la escalera a mano izquierda, encontramos una enorme mesa inmersa en una preciosa cocina antigua (con sus utensilios), y a la derecha, es como si esa cocina se abriera a un precioso patio con enredaderas y luces cálidas que te transportan a algún lugar de la Toscana.



La comida, estupenda también. Para empezar, nos recibieron con un exquisito parmesano y una vichisoise de pera fresquísima, ideal para perder el calor que amenaza y triunfa estos días en Madrid. Continuamos con algunos entrantes estupendos: el tartar de tomate y granada (con aguacate), las croquetas de bacalao negro y un ceviche muy fresco.


De segundo considero que fui la que mejor eligió… aunque me costó mucho, con toda la oferta de la carta. Al final me decanté por una pizza de colmenillas que me recomendó la camarera, ya que dicen que es la joya de la corona… ¡y madre mía que si lo es! La pizza más rica que he comido en mucho tiempo con su masa fina y su multitud de setas… increíble, os lo prometo. También pedimos los fritos de merluza con patatas del Perú, y no nos decepcionó en absoluto.


De postre yo quise probar el flan de requesón – buenísimo y en la ración idónea, acompañado de frutos rojos – y la explosión por chocolate… una especie de brownie desecho y tibio que estaba espectacular.

En definitiva, toda una experiencia gastronómica a probar.


No todas las fotografías me pertenecen, aunque los collages sí. Not all images are mine, but the collages are.


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