miércoles, 4 de septiembre de 2013

30 otoños

30... 30 nada más ni nada menos he cumplido hoy. 30 otoños, inviernos y primaveras... 30.


Los 25 los dejé atrás acompañada de una sucesión de gintonics en una noche loca, loca de las de verdad. Los 30 han sido más tranquilos (pero no por ello menos interesantes, que ya tocará celebrarlo el fin de semana, como se merece), y con muchas ausencias. De las remediables con billetes de avión, y de las que ya no lo son tanto. Me ha faltado tu llamada, Tia Lola... reconozco que me ha faltado mucho.


Pero me considero muy afortunada. A cambio, puedo decir que he recibido muchas alegrías también. Esta década me ha dado el regalo de nuevas amistades, de terminar dos carreras, un MBA y de poder empezar a trabajar en el mundo que me apasiona, previo paso por una empresa de la que me llevé grandes amigas y buenos recuerdos. Me he sacado el carnet, me he comprado un coche (y eso por apretar los 29 que ya acababan), he aprendido a tejer, y he empezado a hacer yoga, todas ellas actividades que me están dando un porrillo de satisfacciones.


Esta década me ha dado también el regalo de este blog, que crece cada día con vuestras aportaciones y ánimos, y con todos esos comentarios que me sorprenden en los lugares y con las compañías más insospechadas. Gracias por estar al otro lado, por leerme y por comentar.


No me siento más vieja, pero sí más mayor, y algo más sabia. Sigo con la esperanza de seguir cumpliendo sueños y viviendo alegrías, aprendiendo de las decepciones, las trabas, los momentos bajos. Y sueño también con hacerlo con toda esa gente que me queréis, que estáis ahí en lo bueno y en lo malo, y que me habéis enseñado y seguís enseñando cada día.

Gracias, gracias a todos. Que sigamos cumpliendo décadas juntos.


Y ahora os dejo con una de las frases de película que más me gustan, que pertenece al personaje de William Parrish, de Conoces a Joe Black (con una pequeña variación al final):

"I thought I was going to sneak away tonight. What a glorious night. Every face I see is a memory. It may not be a perfectly perfect memory. Sometimes we had our ups and downs. But we're all together, and you're mine for a night. And I'm going to break precedent and tell you my one candle wish: that you would have a life as lucky as mine, where you can wake up one morning and say, "I don't want anything more." Thirty years. Don't they go by in a blink?"




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