sábado, 19 de enero de 2013

Alô, Jean Paul!

Hace un par de fines de semana, tuve la oportunidad de asistir a la fabulosa exposición que la Fundación Mapfre había organizado en honor al enfant terrible de la moda. Y digo “había” porque a pesar de mis esfuerzos por intentar publicar este post antes de que se clausurara la muestra, al final no ha podido ser así. Desde que el año pasado asistiera a la exposición de YSL en el mismo espacio, me he maravillado ante la buena organización de la Fundación a la hora de escoger exhibiciones y temáticas, su montaje, y el que escojan diseñadores y temas relacionados con la moda. Estando en pleno centro de Madrid y siendo gratis, es una maravilla el poder contar con estas cosas.


Pero de vuelta a la exposición, como ya he dicho, me gustó muchísimo. Para empezar, la estructura de la misma estaba pensada para caminar con rumbo fijo y no perderse, y conocer las diferentes colecciones del diseñador de forma ordenada (algo que no ocurría tanto con la de YSL). Espacios abiertos para ropas más vistosas, pasarelas en movimiento y gradas para colecciones más urbanas, o íntimos rincones donde disfrutar de la característica corsetería del diseñador, para culminar con habitaciones en negro para resaltar su etapa más cinematográfica recogen la retrospectiva compuesta por 110 modelos de alta costura y prèt-a-porter, más de 50 bocetos, piezas audiovisuales, extractos de desfiles y primeros diseños y fotografías, que dan testimonio de las arriesgadas e innovadoras propuestas que han marcado la trayectoria del diseñador.



Algunas de mis piezas favoritas fueron el oso de peluche de Gaultier (que, apuntando maneras desde la infancia, luce un sujetador hecho con sendos conos de papel sobre el pecho - "En aquel tiempo, yo nací en el 52, un chico no podía andar por ahí con muñecas, así que jugaba con Naná y le hacía trajes"), o los corsés (de paja, raso o incluso piel de cocodrilo), y una cápsula inspirada en el cuerpo humano que para una médico frustrado como yo, era todo un espectáculo.

Otro de los puntos positivos de la exposición es la humanización de los maniquíes, ya que como el propio Gaultier dijo "No es una exposición cronológica, sino temática; aquí están mis hombres objetos y mis mujeres parisinas". Es por ello que las prendas lucen sobre personajes con rostros interactivos proyectados de una docena de estrellas famosas, que han prestado su imagen y sus propias voces, incluyendo al mismo diseñador, que aparece ¡cómo no! embutido en uno de sus inconfundibles trajes de marinero. Un guiño divertido y pícaro, tanto como Gaultier.


Otro de los puntos fuertes de la exposición, especialmente recomendado para los admiradores de Almodóvar, son las prendas que el mismo Pedro ha prestado y que Gaultier diseñó para algunas de sus películas más famosas. "Cuando Almodóvar me pidió que diseñara el vestuario de 'Kika' él ya era mi ídolo", reconoció el creador en una entrevista. Pero ahí no culmina la relación del modisto – o artesano, como le gusta calificarse - con nuestro país. En la muestra hay algunas piezas cuya inspiración española es más que patente, y es que el diseñador se confiesa un enamorado de España: "Me encanta España desde cuando era niño y venía con mi familia. Tengo una relación maravillosa con este país. Me gusta sobre todo la comida y la gente y su manera de ser, el no-snob de los españoles, nada que ver a cómo son los parisinos".


Así pues, como podéis ver disfruté enormemente de la visita. Espero que en el futuro haya más como éstas.

¡Os dejo con un vídeo resumen que he encontrado!

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