sábado, 12 de enero de 2013

A+ para Andrés Gallardo

Descubrí las maravillas de Andrés Gallardo a través de un reportaje que, casualidades de la vida, leyó también una buena amiga mía mucho menos fashionista, llamándome esa misma tarde para comentarme el impacto que le habían causado, y la necesidad de hacerse con una.

Después vinieron el asentamiento de la idea, el comentario de otra amiga entendida sobre el fiasco de Ana Locking (y menudo fiasco, pues hasta entonces la tenía en elevada estima (1)), las observaciones apasionadas de otra compañera que lo conoce y una visita al Museo Cerralbo, todas ellas circunstancias que me impulsaron a escribir este post.


La historia es, además, digna de la sección de emprendedores, de las de historias que empiezan por casualidades y que te hacen cogerle cariño al proyecto siéndole totalmente ajena.

Corría el año 2010 y en una visita a un mercadillo de Berlín Andrés Gallardo se hizo con unas figuritas de porcelana. Sus características como material “noble, de calidad e histórico” le inspiraron de tal forma que pensó en convertirlas en joyas que, ya desde los comienzos, fascinaron a quien se las enseñaba, que por aquel entonces era su círculo más cercano. Como sucede con todo lo brillante, lo distinto y original, pero con un toque sofisticado y único, pronto estilistas y demás gente del mundillo hicieron que su nombre empezara a correr como la pólvora. 


 «Estaba con mi chico en Berlín y entré en un anticuario atraído por las porcelanas. Pensé: ¿qué puedo hacer con ellas, pero en mi mundo?». Cogió un martillo y destrozó la figura en su habitación. «Mi ex sabía de maquinaria y me explicó cómo pulir las piezas para que no cortasen, cómo agujerearlas…»

En la actualidad colabora en su proyecto con Marina Casal (a la que conoce de trabajos anteriores), con la que concibe y desarrolla las colecciones, tan brillantes y originales todas como esta última, “Jungle Boom”. 


El diseñador cuenta cómo ha evolucionado la producción y cómo funciona la marca “Al principio eran tiradas limitadas: amigos y gente que nos iba conociendo. Ahora vamos a ferias, tenemos pedidos de tiendas y tenemos que cumplir las fechas", comparten. Hay piezas únicas y también seriadas. "Hacemos series de 20 en 20. Cada tirada lleva su tiempo. Muchas veces nos quedamos cortos y tenemos que hacer más series. Es una locura. Pero hasta que no se está agotando una serie, no hacemos otra. Esta temporada hemos vendido unas 300 piezas".


Para mí, una de las cosas más bonitas y que más valor le dan a sus piezas es el proceso de fabricación. Figuras que se manipulan y componen directamente para después hornearse a más de 1.500ºC. Las piezas pueden ser tanto de fabricación propia, como procedentes de mercadillos y tiendas de antigüedades de medio mundo con pequeños “defectos” que las hacen más especiales, y que luego se engarzan a mano, pieza a pieza, cada una de ellas contando una historia distinta. Casi todas tienen animales (dicen que porque gustan más que sólo los de flores), y aunque no se consideran kisch, sí confiesan que les gusta conferirles un punto de dramatismo.


Celebrities varias se han rendido a sus encantos: Tali Lennox, Elvira Lindo, Drew Barrymore o Lana del Rey (que tras enamorarse de una pieza en una sesión de fotos, se hará una serie inspirada en el collar que se llama 'Blue horses'). A este artículo le han seguido el deseo y, por fin, la necesidad de encontrar sus piezas (ambas aún insatisfechas), pero espero que no por mucho tiempo.


(1)Podéis leer más sobre el conflicto en este artículo y este otro.
Las fotos son de la propia web del diseñador, su blogaquí y aquí.

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