viernes, 12 de agosto de 2011

Un jardín en la azotea de Hermès

En estos días de calor intenso, a punto de volver de mis vacaciones os traigo una historia refrescante para aquellos menos afortunados que no hayáis podido disfrutar de playa o montaña… ¡y es que las ciudades esconden todavía muchos secretos por descubrir! Uno de ellos lo desvelamos hoy.


¿Quién se imaginaba hace meses, antes de la presentación del último perfume de la casa, que el secreto mejor guardado de Hermés estaba en su azotea? El edificio de la tienda de Hermés, en el 24 Rue Fabourg Saint-Honoré, era una casa de dos plantas en donde Charles-Émile Hermès instaló la manufactura familiar y que poco a poco fue creciendo hasta que en 1926 (tras 2 años de obras) se convirtió en la joya de la corona de la casa. Arriba, y a pesar de las remodelaciones y cambios, en las alturas del cielo parisino, se esconde un precioso rinconcito verde que ha permanecido inamovible en el tiempo y prácticamente desconocido… hasta ahora.




Se trata de un jardín cerrado y muy pequeño que cuida desde hace años una empleada de la casa, Yasmina, que diariamente lo planta, lo poda, lo riega, lo mima y lo mejora.

En palabras de la propia casa Hermés – que siempre ha estado muy ligada a la literatura – el jardín podría describirse de la siguiente forma (El texto pertenece a la presentación del perfume Un Jardin sur le Toit): 

Unos peldaños de piedra, unas baldosas, un camino de ronda, una baranda, afán y azafrán, ángeles y vencejos, salvia y sueños, rosas y reseda, alegrías y acedera, espino blanco y albores, pensamientos y palabras, mariquitas y recuerdos, elegantes y pares de guantes, tierras normandas y aires parisinos, hojas secas y una pala, un gigantesco soldadito de plomo, un gorrión que bebe agua, dos pañuelos de seda, unos setos, un taburete, unas manos, un mandil, los tejados de París, una regadera en el camino, jardineras y una jardinera, bosquetes y bosquejos, surcos y estaciones, sol y luna, hibiscos, una magnolia, lilas y romero, tulipanes, pera que no espera, manzana que espera, dos amorcillos ensimismados que guardan silencio, todos los matices del blanco, cantos de ave y, justo al lado, una música singular: el trabajo rítmico y coral que desgrana el taller de los guarnicioneros.

Bonito ¿Verdad?

Pues precisamente fue en este jardín donde Jean-Claude Ellena, el último perfumista de la casa, tuvo su primer encuentro con la firma Hermés, hace ya casi diez años. A pesar de conocerlo de memoria, él mismo afirma que el haberlo utilizado como inspiración de su último perfume, ha sido como encontrarse con él por primera vez.



Después de Un Jardin en Mediterranée (homenaje al jardín secreto que posee en Túnez la directora de decoración de Hermés, Leïla Menchari), un Jardin après le Mousson (que invitaba a celebrar el renacimiento que se produce en la India cuando las lluvias vivifican la tierra), y por último, Un Jardin sur le Nil; Un Jardin sur le Toit representa la cuarta composición de la colección de jardines y significa un regreso a las raíces de la firma, a la tierra, a lo más profundo de los valores de esta casa francesa que por más de siglo y medio han hecho de la tradición y el savoir faire una historia de éxito. En palabras del perfumista, después de refrescarse con el agua de lluvia, el agua de río y el agua de mar de las anteriores creaciones, había que regresar a las fuentes, como un retorno en el tiempo.Y ¿qué mejor manera de volver a las raíces de la firma que regresando a su emblemático jardín?


JEAN-CLAUDE ELLENA afirmaba en la presentación del evento: "el lugar de un perfumista está en todas partes y en ninguna. Un día, me di cuenta de que tenía a mi lado algo que consideraba lejano. Había estado allí varias veces. A cada uno de mis pasos brotaba el olor del césped fresco y de la tierra húmeda, que penetraba en mí con una sensación placentera. Y, para que sea de verdad parisino, lo he regado con luz".


Ya que no podemos visitar por ahora este precioso rincón, ¿qué menos que deleitarnos con los aromas que evoca el nuevo perfume de Monsieur Ellena?

Las ilustraciones que he incluido son de Philippe Dumas, nieto de Emile Hermés, que conoce bien el tejado desde pequeño, pues allí solía jugar de niño.

2 comentarios :

El Señor de las Gafas Amarillas dijo...

Que maravilla!
Como me gustaría echar el ratico en ese jardín! En cuanto a los perfumes de hermés, este no lo concía y no lo he olido, pero soy muy fan del Terre, que lo tengo en mi estantería desde hace mucho y lo cuido como oro en paño!
Un abrazo!

Inés Cruz dijo...

Pues atesóralo, que estos perfumistas son muy dados a un buen día, sin previo aviso, nunca más volver a vender el perfume de tu vida...