martes, 6 de julio de 2010

Visitas accidentadas...

07:45
Me cobran 7€ por una napolitana de chocolate y un zumito de naranja.
Me duelen los dedos al pagar. ¡Menudos precios!

08:30am
En la cola del aeropuerto, con un pie en la puerta de embarque (uno, porque mi fila no era de las afortunadas a entrar de las primeras), me suena el móvil... ¿quién puede ser? la jefa de mi jefa:
Ella: ¿Tú tienes visita hoy a XXX cliente, no?
Yo: Pues sí
Ella: Pues no
Yo: ¿Perdona?
Ella: Que os han cancelado la visita
(...)
¿Peeeerdón? Ay madre! con la cantidad de cosas que yo tengo que hacer en la ofi, de pronto suena irremediablemente bien la perspectiva de volverme a la oficina... pero va a ser que no. Mi gozo en un pozo. Marcho para Barcelona para ver mercado.

09:45am
Sobrevolando Cataluña, de pronto el piloto que se viene arriba con el micrófono: (...) "Señores viajeros, por problemas de tráfico aéreo, no nos dejan aterrizar, así que vamos a dar una vueltecita - el avión que vira agresivamente hacia la izquierda, inclinándose - Eso que ven ustedes a la izquierda tan bonito, es Sabadell". Hala, con 2...

10:10 de la mañana, la menda en la cola del taxi. ¿Soy yo, o son una burda copia de los taxis neoyorkinos?Pregunto al conductor del vehículo que me toca si lleva sistema de pago con tarjetas. El hombre que responde claramente: "Sí, tengo"


10:50am
Tras un viaje eterno en el taxi más silencioso del mundo y sin aire acondicionado y 25€ después de haber dejado el aeropuerto, llegamos a mi destino. Como el abuelo de mastercard, tiro de tarjeta. "Aaaah, no" me dice el jodío taxista, "no tengo para tarjetas", ojiplática perdida, replico que me aseguró que sí, pero el taxista R que R que no. Acabo pescando dinero de todos los compartimentos de mi monedero (que son unos cuantos) y consigo la cantidad exacta. Salgo del taxi humeando por las orejas.

15:30
Aunque el viaje en general resulta divertido y útil (la jefa está sembrada, y siempre resulta divertido compartir experiencias varias con el departamento de informática), no se acaban mis aventuras. Horas más tarde, en un shopping spree auténtico en la tienda de Happy Pills, me encuentro con que la maquinita de pago con tarjetas no sirve. ¿Y yo qué hago, si todo mi dinero se lo ha llevado el asqueroso y silencioso taxista catalán? Menos mal que la jefa tira de efectivo (es lo que tiene ser pudiente)... nos vamos corriendo para el aeropuerto.

17:00
A pesar de haber llegado pronto, el cambio de hora de billete nos sale caro: no hay 2 asientos juntos porque el vuelo va a tutiplán (¿pero no hay crisis?) por caprichos del destino me toca sentarme entre un maromo negro 4x4, de esos que ocupan tu parte del apoya-brazos y un maloliente sujeto. A la jefa no le va mejor: el de su izquierda es un ser que parece salido de la baraja de cartas de terroristas islámicos de la Cía... 

Pero llegamos a Madrid, y a pesar de los 40ºC a la sombra, y del cansancio, me tiro al taxi como si me fuera la vida en ello. Éste, además, no sólo facilita el pago con tarjeta, sino que me indica que está fallando, y que lo mismo tengo problemas. Aunque me da igual, y le digo que tire, no puedo evitar una sonrisa... ¿tan difícil es  decirle al pasajero tan sencillo mensaje? 

Hala, hasta el próximo viaje.

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