viernes, 2 de enero de 2009

Borracheras juveniles...

A veces una se sorprende de la decadencia a la que puede llegar la juventud.

Dios, parezco una abuela hablando.

¡Pero es que es totalmente cierto! Algunas veces una se lamenta de ser joven, siente vergüenza ajena de algunas de las cosas que ve… como ayer por la tarde. Yendo camino del cine (crítica cinematográfica más adelante), al ir a coger el autobús en la parada siguiente a la mía (100mts de distancia en línea recta), me topé con un grupo de quinceañeros esperando en la parada, armados de bolsas de plástico y copas varias. Algunos estaban vestidos de traje (supuso que aún no se habían acostado, y eso que eran las 7 de la tarde), otros de calle, normal, algo quinquis. Pensé entonces, ilusa de mí, que estaban simplemente haciendo botellón en la parada. Pero no. Con la llegada del bus, cogieron sus bártulos y, sin mucha educación, empezaron a subir al vehículo. Uno de aquellos chavales, empujó sin muchos miramientos a otra pasajera que entraba antes que él. Ni se disculpó. Bastante tenía con tratar de coordinar sus pies para que fueran uno delante del otro y lo llevaran hasta el asiento. Los tres de delante de mí no atinaban a meter el ticket en la máquina, y uno de ellos increpaba a gritos a una chica que ya estaba camino del fondo que le picara el billete. El par que se subió detrás de mí, ante el comentario del conductor de “las copitas abajo”, iban repitiendo graciosos la frase como si de una gracia cualquiera se tratara. Todos ellos olían como si se hubieran duchado en whisky.

Pero ahí no acabó la cosa. Los 8 mochuelos, con sus niñas incluidas, nos dieron e viaje a los pocos que allí estábamos. De las copas en el suelo, ni rastro. Es más, los dos que se sentaron a mi espalda tuvieron la indecencia de servirse un par de copitas más durante el viaje (15 minutos). Los del fondo no hacían más que repetir que estaban gobernando el vehículo desde su sitio privilegiado. A voces. Uno se dedicó a golpear las ventanas, y su amigo, supongo que un par de copas más sobrio que él, le increpaba diciendo que se estuviera quieto, pero sin mucho ánimo. Las niñas cantaban, o lo intentaban. Otra más alababa a todo pulmón a su Atleta, y al Cun Agüero.

Un espectáculo lamentable, qué queréis que os diga. Yo, directamente, no los hubiera dejado subirse al autobús… pero el día 1, ¿quién quiere meterse en líos con una panda de adolescentes borrachos?

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