viernes, 31 de octubre de 2008

Fue el momento perfecto y el lugar correcto...

Ayer tuve el alucinante placer de asistir al long-expected concierto de Amaral en el Palacio de los Deportes de Madrid. Y digo long-expected, porque tengo as entradas aproximadamente desde junio… aunque de milagro no nos quedamos sin ir. Pero supongo que esa es otra historia, larga y tediosa de contar. Una historia de decepciones que, por ser esperadas, resultan más tristes.

Pero vayamos al lío… ¡¡¡¡menudo conciertazo!!!! Acompañada de Matthew y la Lemon (una compi del curro), disfrutamos de vibrantes canciones y geniales experiencias de mano del que creo es uno de los mejores grupos españoles en directo. Cerquita del escenario (aunque menos de lo que nos hubiera gustado), nos pusimos en la platea tras la cámara encargada de grabar el concierto, que ya se sabe lo que se dice: el lugar correcto lo es todo. Para gente alta como yo, es fundamental encontrar localizaciones estratégicas que le permitan a una disfrutar, no sólo del sonido, sino de las vistas… que en este caso merecían la pena: Un montaje impresionante con telón rojo y doble pantalla que enmarcaban un escenario semicircular a rayas de luces, que no pararon de sorprendernos durante todo el espectáculo. Hubo gatos y ángeles negros, dragones rojos, noches de cielo estrelladas, espirales y locuras varias y un fondo verde que saltaba con los ojos verdes de ciencia ficción de Living Las vegas… aunque el momento culminante fue cuando cantaron «Revolución» mientras se reflejaba el título en letras azules y blancas en el escenario. Una auténtica locura. En definitiva, un espectáculo currado hasta el más mínimo de los detalles que nos dejó a todos encandilados.

Una de las curiosidades es que nos tocó recibir a los chicos llevando la careta de «gato negro» a juego con Eva Amaral para iniciar el concierto con «Kamikaze». Eran las 10 de la noche y acaba de empezar un concierto de más de 2 y media de música que no dejó indiferente a nadie. Tras empezar a muerte con «Kamikaze», Amaral decidió apostar por lo fácil y continuó con «tarde de domingo rara», otro de los grandes éxitos de su nuevo disco y unas de mis particulares favoritas mientras ya nos tenían a todos entregados. La desgarradora voz de Eva nos recordó canciones de discos anteriores que a todos nos encantan como «porque este mundo no lo entiendo» tras la cual tuve el detalle de decirnos al público que habían venido a Madrid a poner toda la carne en el asador. Desde luego, cumplieron su promesa… pero ahí no quedó la cosa. No hubo canción tras la que Eva no diera las gracias a los allí presentes por nuestra fuerza, nuestras ganas, y en definitiva por haberles dado el privilegio de triunfar.

Después de un solo de guitarra de Juan Aguirre, la apoteosis hizo acto de presencia entre los espectadores cuando los acordes de la banda denotaron que la siguiente canción era «Marta, Sebas, Guille y los demás», que hizo que una servidora perdiera definitivamente la poca voz que me quedaba. Hubo también momentos emotivos, como cuando recordando que era su décimo aniversario sobre el escenario, de nuevo gracias a nosotros, sus fans, cantaron «No sé que hacer con mi vida», una canción de su lejano primer disco que yo era la primera vez que escuchaba y me dejó encantada.

Hacia las 12 menos cuarto, cual Cenicienta, los zaragozanos amenazaron con irse, pero todo fue una maniobra de despiste para que Juan se quedara solo y cantara «No es sólo una canción», una canción que ha descubierto la hasta ahora faceta oculta de cantante de Aguirre. Pero ahí no acababa todo. Los maños aún nos tenían una sorpresa preparada; sólo acompañada de un chelo y un piano de cola Eva se atrevió a cantar una versión acústica bellísima de «Esta madrugada» provocando una desbordante emoción entre todos nosotros. A mí os prometo se me saltó una lagrimilla.

Pero el final estaba cerca y Amaral se quiso despedir con «Rock&Roll». Entonces, se apagaron las luces, se cerró el telón, y la archiconocida «Moon river» nos acompañó hasta la puerta mientras todos coincidíamos en el fabuloso concierto al que acabábamos de asistir.

Así da gusto pagar 25€.

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