lunes, 18 de agosto de 2008

Detesto las despedidas...

Hoy, sola, de pie en la terraza frente al mar, siento una pena infinita que me atrapa. Como siempre antes de un viaje de vuelta de cualquier sitio, se instala en la boca de mi estómago como un monstruo luchando por escapar. Detesto las despedidas. Nunca me han gustado. Nunca acabo de acostumbrarme tampoco. Luego, tan pronto como me instalo en el coche, el tren, el avión, la pena se pasa. La emoción por el nuevo destino, aunque sea conocido o de vuelta a casa, puede más que la pena, y la sumerge bajo la electricidad que da la incertidumbre del nuevo viaje. Detesto las despedidas… pero adoro viajar.
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