jueves, 17 de abril de 2008

Siente. Escucha...

Es increíble el poder de los sentidos a veces. Dicen que el olfato es el más poderoso de todos ellos, pero creo que el oído no le queda muy lejos. Esta mañana en el metro, enganchado como voy siempre al ipod, ha comenzado a sonar una canción que llevaba mucho, pero que mucho tiempo sin escuchar. Yo creo que podría decir que incluso más de 5 meses. Automáticamente, me han venido a la mente muchas cosas… pero sobre todo, lo que más me ha sorprendido ha sido el sentir cómo se me nublaban los ojos con lágrimas. Caer, no han caído… lejos queda ya aquella sensación de angustia y pena infinita que hizo que aquella canción se me antojara imposible de escuchar sin llorar todo un río. Pero ahí estaban ellas, recuerdo real de las cicatrices del alma que, aunque curadas hace mucho tiempo, le recuerdan a una que está viva, y que una vez sintió tanto que creyó morirse de pena.

No sabes cuánto te he querido” de Paco Bello, fue durante una época el catalizador que consiguió que saliera de mi tranza de tristeza. Después de muchos días de caminar cual fantasma por mis días, fue esta canción, a bordo de un taxi camino a casa de madrugada, la que consiguió hacerme llorar por fin. La que logró que me desahogara. Desde ese momento, y hasta que decidí “Ya no más”, no me fue posible escuchar más de dos acordes seguidos sin echarme a llorar. Aquel día… aquella noche, mejor, en que días después de la primera lágrima quise poner fin a mi duelo, me la puse una y otra vez en la soledad de mi cuarto, y con la seguridad de mi casa vacía. Lloré de pena, de desesperación, de soledad y de rabia. Lloré hasta quedarme y sin aliento y se me acabaron las lágrimas. Después me levanté del rincón en el suelo en que me encontraba, me lavé la cara, y me acosté.

Y es que yo soy así… soy de la opinión de que a veces, dejar salir lo que uno lleva dentro es la única forma que tenemos de poder salir adelante. Aquella vez me probó mi teoría. Lo mismo he hice tiempo más tarde con un ataque de nervios (el primero y único de mi vida) que me dio por el agobio de exámenes. Ahora, siempre que me es necesario lo pongo en práctica, y funciona.
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