lunes, 17 de julio de 2006

What a wonderful cruise this has been...

Hello a todos!!

¿Qué tal el fin de semana? espero que si no mejor, al menos igual que el mío, que ha sido awesome, os lo prometo, pues ya sabéis que me marché de crucero a teritorio noruego el viernes... ahora aquí me hallo, agotada pero de un excelente humor, dispuesta a narraros lo mejor posible mis aventurillas en el maravilloso crucero Pearl of Scandinavia...

Everybody... WELCOME ON BOARD!!!



Madre mía, ¡qué crucero! no nos podíamos imaginar ninguno lo grande que iba a ser el barquito, como era un viaje corto (se tarda más o menos 1 día en llegar), pues sospechamos que sería una cosa normalilla pero... ¡qué sorpresa más grande! jajajajaja, eso sí, los camarotes chiquitos chiquitos, suerte que estaban los bares y la cubierta... El viernes no hizo un día lo suficientemente soleado como para que se viera la costa a la perfección, pero dio lo mismo. ¡Qué preciosidad de paisaje! los molinos, las casitas, los puertos... todo de vivos colores, como si fueran Lego (que, by the way, son daneses) como además no corría demasiado aire, pues pudimos pasarnos casi toda la tarde disfrutando en la cubierta del barco de las vistas: a un lado Dinamarca, al otro lado Suecia. Los ratos en que no estábamos al aire libre, los aprovechamos para explorar el barco en busca de plan nocturno, y yo acabé comprando un vestido azul de lunares de verano precioso y un jersey por 199 coronas, que vienen a ser 20€. Una felicidad... Yo nunca antes había viajado en crucero, así que la experiencia ha sido valiosa en todos los aspectos, por mucho que muchos de los rancios que se quedaron en tierra aseguraran que el crucero no compensaba para estarse todo el día pedo. Envidia cochina, me temo que era, porque yo no bebí una gota de alcohol y a la vista de todos esta (véase el collage) que lo pasé en grande...
Lo dicho, después de pasear por aquí y por allá en compañía de Andrew, Marie, René y algunos otros, acabamos en el buffet poniéndonos como el quico. Sí, sí, Pehenomene hubiera sido feliz viendo aquella comida. Cuando nos dijeron que era de esos donde se podía comer hasta hartarse no estábamos muy convencidos pero, oye, ver y creer. Mucho salado, mucho marisquito (aunque del de por aquí), salmón a rabiar, quesitos (mmmmmmmm) y... 2 rondas de postre. Brilliant!! Aunque casi no podíamos movernos de la panza que llevábamos, acabamos encaminándonos con el resto de la peña en busca de un bar animado donde palancarse y pasarlo bien. La idea inicial era el karaoke, pero cuando vimos el espectáculo... bueno... pues como que huimos. Una rápida visita al resto de lugares de ocio nos devolvió al punto de partida, anyway. Y allí que nos quedamos. Bailoteo por aquí, bailoteo por allá, la gente super pedo y un ambiente tremendo en cuanto nos animamos los unos a los otros. Muchas fotos que más de uno querrá soñar no se hubieran tomado y un calor de morirse también. A las 2, como una señorita, a mimir al camarote, que el turismo, muerta de sueño y de cansancio, pues como que no. A la mañana siguiente, nos despertamos con las amables palabras del comandante anunciándonos el desayuno. Doble sorpresa porque al principio no lo creíamos incluido (motivo por el cual más de uno se trajo la despensa puesta). Yo, sin embargo, antes de pasarme por el buffet, preferí darme una vueltecilla por la cubierta, pues estábamos a la altura de los fiordos y me habían dicho que eran preciosos. Los 10 minutos iniciales que tenía pensados se convirtieron en media hora larga y unas 2o fotos del paisaje... ¿qué le vamos a hacer? A la llegada a puerto nos separaron por grupos para ir con un guía en un walking tour por Oslo. Es una ciudad preciosa y curiosa a la vez, y con una monarquía de características un tanto peculiares (hace años, el rey fue elegido a dedo, y todos son como muy cercanos al pueblo). Primero la muralla y el castillo, luego remoloneo por algunsa calles, el palacio real (al que uno puede acercarse casi tanto como quiera, pues los parques que lo rodean son públicos), el teatro real y el parlamento y... ¡sorpresa! el Town Hall, donde se celebra la entrega de los Premios Nobel de la paz, con una decoración adoquinada preciosa y digna de verse. Las campanas del reloj del edificio, además, no hacen dong dong, sino que repican música clásica... ¡todo un espectáculo!

En nuestro tiempo libre (tan sólo 3 horillas) yo me incliné junto a algunos otros por visitar el Parque Vigeland. Un monumental espacio diseñado por el Sr. Vigeland donde más de 200 estatuas de bronce y granito simbolizan diferentes etapas del ciclo de la vida. Una cosa espectacular... algunas de las imágenes eran tremendamente emotivas. Me impactaron sobre todo aquellas en las que se daban muestras de cariño entre diferentes personajes y, sobre todo, una de una pareja de ancianos que podéis ver en el collage. Gracias desde aquí a mi amado progenitor por recomendarme la visita... es uno de los sitios más interesantes que he visitado nunca.
Una vez visto el parque y, dado que nos quedaba aún tiempo, comimos por ahí y Brandon, René, Marie y yo marchamos en busca de la National Gallery de Oslo, que nos tenía reservadas algunas sorpresas. Para empezar, yo no me esperaba que allí estuviera el famoso "Grito" de Munz. Sí, ese cuadro tan particular con una imagen fantasmagótica gritando con las manos en los carrillos en primer plano. De cerca es impresionante. También había allí otros cuadros igualmente interesantes del mencionado autor y... oh, sorpresa! la escultura del Pensador de Rodin. Sí, sí, como lo oís. Y yo que pensaba que se hallaba en el museo del Sr. Rodin... este hecho nos ha hecho pensar que quizás es que haya varias esculturas iguales, porque si no, no hay quien se lo explique, pero bueno.

Por la tarde, ya de vuelta en el barco, nos tocó cenar en el b
uffet bien temprano (a eso de las 5) lo que, unto al hecho de que había marejadilla y el barco se movía más que el rabo de una lagartija, nos hizo pensar que esta vez sería mejor no empacharse... por lo que pudiera pasar. Gracias a dios, yo de malestar marítimo nada, y pude disfrutar del oleaja como una enana y de la puesta de sol...
¡Que maravilla! ver una cosa así en mitad del mar es que no tiene precio. A la vista de la foto está. Yo me hice como 20 fotografías a medida que avanzaba... simplemente, un espectáculo sublime. El color, la atmósfera... una cosa mágica.

La noche de ayer se hizo algo más lenta, más que nada porque había mucha peña con mareos (ya os digo que el mar estaba pegando fuerte) y otra tanta sobando por el cansancio nada más. Así que, como el karaoke estaba muerto y no se podía estar fuera so pena de salir volando (yo, mientras tomaba una foto, me caí hacia atrás, gracias al cielo, sobre una silla-tumbona de la cubierta del viento que hacía), pues investiga que te investiga, acabé en el piano bar con Ashley, una de las múltiples americanas que forman el programa. Ni que decir tiene que la juerga fue padre. El pianista, un hombre a la par irritante y gracioso, ineractuaba con la clientela mogollón, lo cual aseguraba las risas entre canción y canción. Cuando la cosa se puso pesada, marché de nuevo al karaoke, donde el ambiente había mejorado considerablemente. Los chicos de Holger, en pleno subidón, decidieron cantar bohemian rhapsody y... bueno, para qué contaros. Luego de pronto todo el mundo desapareció y yo acabé bailando Grease con Kieron, que es un encanto de niño.

Tenía pensado quedarme despierta hasta las 4 para ver el amanecer, pero no pudo sr, y el sueño me vnció antes de lograrlo. Una lástima, porque hubiera sido genial comparar las escenas.

Por cierto que Tanya, una asutraliana divertida que te pasas del programa, ha decidido rebautizarme. Ahora, cada vez que me ve, en vez de Crazy Spanish Girl he pasado a denominarme "Tapas"... ya véis como son las cosas por aquí, era eso o Paella y, qué queréis que os diga, la paella como que es más valenciana, ¿no?

En cualquier caso, me alegro muchísimo de haber ido al crucero, pues lo he pasado fenomenal y he disfrutado muchísimo... con lo que a mí me gusta viajar!!!

Hasta la próxima...

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