domingo, 30 de julio de 2006

Extraña...

Reina una quietud extraña en Holger… un silencio incómodo roto por alguna inesperada carcajada… pero tan sólo por un segundo. Luego se apaga, y el silencio regresa.

No hay nadie en el yard. Qué extraño. La lluvia hace tiempo que se ha ido, dejando una fresca tarde. Desde por la mañana, pequeños grupos de personas se han aventurado al patio, pero no por mucho tiempo, y nada comparado con lo que suele ser una tarde cualquiera de domingo. ¿Serán los exámenes? Probablemente, pero no creo que sea lo único… la cuenta atrás ha comenzado…

Y yo… yo me siento un poco constreñida, como atrapada en un inpass difícil de descifrar. Puede que sea el hecho de saber de que me quedan 5 días aquí lo que me haga sentirme así. Puede no, seguro que eso.

El caso es que me siento algo extraña…

Y no me concentro. Y voy de un sitio a otro. Y no paro quieta en el cuarto… ¿podéis creeros que he empezado a hacer la maleta? Y sin embargo, mientras doblaba y organizaba la ropa que seguro no me voy a poner en lo que me queda de estancia, me embargaba la melancolía…

La melancolía es la alegría de estar triste.

Saco las cosas del armario y las doblo meticulosamente sobre la cama, de ahí, a la maleta. Cuidadosamente, buscando una especie de equilibrio invisible.

¿No os ha pasado nunca que, aunque otras cosas más importantes (como mi examen de mañana a las nueve) debieran tener prioridad en nuestra mente, otro orden de cosas requiere de pronto nuestra atención y se convierten en urgentes en ese mismo instante? Nos roban nuestra atención y bloquean el normal discernimiento de nuestros pensamientos. Provocan ansiedad, y urgencia. Eso me ha pasado a mí hoy. De pronto comenzar a hacer la maleta se me planteaba como la cosa más urgente del mundo, nada podía impedirme realizar esta tarea… y así ha ocurrido. Luego el ánimo se tranquiliza, la sangre vuelve a bombearse a un ritmo más lento, las aguas vuelven a su cauce y la tranquilidad de nuevo se asienta en el pensamiento…

Los 5 últimos capítulos de libro me miran de reojo desde la mesa, olvidados desde hace horas, roto mi empeño de leerme si quiera el resumen de cada uno de ellos. Y el caso es que no me importa, aunque debería…

1 comentario :

Albert dijo...

Hola Agnes!
Decirte que esa extraña sensación la hemos pasado todos los que hemos tenido la gran fortuna de irnos fuera un tiempo.Es el punto y seguido de una etapa, el saber que el día a día va a ser distinto, sintiendo la ausencia de mucha gente, pero con un montón de sensaciones y recuerdos que hacen que todo lo acaecido haya merecido la pena. E imagínate que todo eso ha ocurrido en 35 días de estancia en el "País de la vida", así que imagínate si hubieran sido 8 meses...Probablemente eches alguna lagrimita más que otra (en tu caso, más que probable, es algo seguro) y los últimos dos días sean bastante duros, percatándote de todos los pequeños detalles de tu camino de todos los días, que es difícil que vuelvas a recorrer!En fin, que mucho ánimo, y que no piensen en lo que pierdes, sino en lo que ganas volviendo a Madrid, y en tu caso a Marbella, que también son cosas agradables y es donde no te queda más remedio que continuar luchando en tu día a día! Un beso enorme!
Phenomene