miércoles, 1 de febrero de 2006

No apto para ojos delicados...

Como diría un amigo mío… ¡ay Dios mío! Queridos lectores… con el estrés de los últimos días se me había olvidado comentaros un hecho que me ha dejado totalmente patidifusa: el Vestido de la Ministra.

Para los que no estén al tanto de las vicisitudes varias que conforman la agenda social de nuestro país, me estoy refiriendo al “bonito y romántico” vestidito (en las palabras de la propia Carmen Calvo) que nos llevó la susodicha a la, y cito textualmente a un conocido entendido de cine, “tediosa, predecible y más larga que un día sin pan” entrega de los premios Goya del domingo. En un evento que se caracterizó por la elegancia de los asistentes (bueno, elegancia en comparación con el zarrapastrosismo reinante en anteriores entregas) la Sra. Ministra decidió asistir al evento con una original creación de la más original aún Agatha Ruiz de la Prada.

Por cierto que a la Gala también asistió Chenoa, quien estaba más contenta que unas castañuelas con el tema (quien iba a decirle a ella, saliente de OT, que iría a unos Goya...) pues es probablemente el evento más epatador al que ha asistido (pobrecilla...). la chiquilla quiso estar a la altura y se esforzó: un modelito a lo JLo que resaltaba sus curvas. El pelo... un pequeño desastre, me temo.

Pero, volvamos con LA MISNISTRA y su vestido.

Como describirlo sería imposible, pues mi pobre prosa no haría justicia al evento que resultó el vestido en sí, sólo comparable a ese preciosísimo árbol de Navidad de la Puerta del Sol (me refiero al de los caramelos republicanos) de este año, he preferido poneros una imagen. Juzgad vosotros mismos, aunque reconocer que le parecido con un pirulí es bastante acertado... ahora que lo pienso… ¿no es recuerda a esa horterada de pasteles de gominolas que regalaban en algunos cumpleaños? Sí, había casitas, coches… la base estaba hecha normalmente de las nubes rosas, y lo demás s sujetaba pegado o con palillos… ¿los recordáis?

Pues bien, dejando a un lado el tema de los gustos, que los hay para todos los colores (y nunca mejor dicho) el vestido fue un total y absoluto desastre. Y como creo firmemente en lo que estoy diciendo, lo repito: ABSOLUTO DESASTRE. Que una ministra se presente a la gala con estas pintas da una imagen de derroche y excentricidad que no es ni por asomo el adecuado para la responsabilidad que ostenta (muy a mi pesar, por cierto). En cualquiera de los casos, y como siempre es de buena educación fundamentar una crítica, he aquí mis motivos:


  1. Era tremendamente inadecuado. ¡hoooola! ¿Sra. Ministra? En las ceremonias de noche, como era el caso, hay cierto “protocolo” para los colores a utilizar. ¿Fuxia, rojo, amarillo…? Absolutely not. Creía que tenían asesores para estos casos, y no, no me parece justificación ni excusa que sea en respuesta a una petición de la Asociación de Diseñadores de Moda en España. Hay un momento y una ocasión para todo, y apuesto a que la Sra. Agatha tiene un montón de modelos ente los que elegir mucho más discretos. Bueno, más discretos a secas.
  2. Era inconveniente. Vamos a ver, si quería llamar la atención, lo hizo, desde luego. El problema estaba en que ella no era la protagonista ni mucho menos, lo era el cine. Ella iba en calidad de representante, nada más. Eclipsó la velada, y no precisamente por su belleza o su elegancia…
  3. Era excesivamente inapropiado. De nuevo… ¡hoooooolaaaaaaa! Sra. Calvo, por el amor de Dios… usted ya tiene una edad que no le permite darse ciertos lujos. Que Agatha Ruiz de la Prada decida llevar sus propios diseños con o sin macetas floridas, tiene un pase. Ella es así. Pero usted, ¡¡¡¡usted ostenta un cargo público!!!! Hombre ya… Bien es cierto que la Sra. Calvo ya había demostrado en anteriores ocasiones que su sentido del ridículo era más bien escaso, pero pensé que tendría unos límites… veo que me equivocaba. Este Gobierno no dejará nunca de sorprenderme, desgraciadamente, para mal.
  4. Estaba mal hecho o, al menos, a ella le quedaba mal. Aunque no se aprecie en la imagen, yo, que he podido ver algunos videos, puedo aseguraros que las arrugas que le hacía el cuerpo no eran ni por asomo normales… veamos, ¿conocemos los términos COSER-ARREGLAR-RETOCAR? Extremadamente útiles, puedo confirmarlo.
  5. Aquí está la razón por antonomasia, la que cae por su propio peso. El principio que habría de regir por encima de todos. LA ELEGANCIA, como la educación, NO ESTÁ REÑIDA CON NADA. Mucho menos con un cargo ministerial. Ante la duda… discreción. Repito: discreción… una vez más, para fijar conceptos: DIS-CRE-CIÓN. ¿me he explicado con claridad?
Nunca, pero nunca jamás, hay que perder el Glamour (especialmente cuando nunca se ha tenido) No hay que dejarse llevar por los impulsos de rebeldía que de antemano resultan sospechosos. Por favor… ¿no recordaron a la hora de elegir el vestidito la que se montó por la chupa de cuero de la aspirante a la presidencia de la Comunidad de Madrid de su mismo partido? ¡y era una cazadora de nada!

Lo que quiero decir es que se puede ser original siendo elegante. Se puede vestir discreto y epatar. Luego nos quejamos de que siempre, en las comparaciones con los Oscar salimos perdiendo (¿me pregunto por qué?), y eso que este año el esfuerzo por estar a la altura ha sido considerable. Algunas podían haberle echado una manita a la ministra, como fue el caso de Elsa pataki (de Nina Ricci) o Aitana Sánchez Gijón, Mabel Lozano, Goya Toledo (del fabuloso Valentino)...no tengo más que elogios para el vestido de la Verdú, un Chanel impecablemente elegido. De verdad, ¿era tan difícil, Carmencita? Hasta Verónica Sánchez (Los Serrano) iba indescriptiblemente más mona que tú, porque de hecho, a mí me encantó su vestido, además de ser mucho más acorde (y eso que ella, tampoco es Santa de mi devoción)...

Qué incorrección, Sra. Ministra…
¡Qué incorrección!

1 comentario :

Sad Eyes dijo...

Es muy triste que lo más destacado de los Goya haya sido el vestido de la ministra de (in)cultura, porque el cine que se hace en España sigue siendo una basura (y mientras se siga subvencionando lo será).