lunes, 3 de noviembre de 2008

Ver y Mirar

El viernes de camino a casa se montó en el autobús una pareja de ciegos. Iban de la mano y "compartían" un perro lazarillo. Aunque parezca una cosa tremendamente típica, no pude evitar ponerme a pensar en cómo sería vivir así, sin ver nada...

Aquello me hizo darme cuenta de que muchas veces vamos por la vida viendo las cosas, pero sin mirarlas. Algo parecido a lo de oír sin escuchar. Paseamos por la calle sin fijarnos en nada, caminando maquinalmente hacia nuestro próximo destino, perdiéndonos todas esos pequeños detalles que hacen de cada día algo especial y diferente. Yo soy la primera que lo hago puesto que, la mayoría de las veces, voy con prisa a todas partes. Pero cuando no es así, cuando puedo permitirme el lujo de la calma, me gusta pasear por Madrid fijándome en todos esos detalles que normalmente pasan desapercibidos. La diferencia es abismal y la experiencia... fantástica. Muchas veces me sorprendo con las más pequeñas cosas y eso me alegra profundamente, no sabría explicar el por qué.

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